Llevo días repitiendo esta frase, culpa papi, culpa papi, pensando en que no puedo dejarla escapar y escribir un post con éste título.
Hace dos noches estaba en la cama, mientras mi marido se quedo cerrando las puertas, echándo la llave, y todo ese ritual que tenemos cada uno en casa a la hora de ir a dormir, con la mala suerte de que hizo ruido al cerrar la puerta y la niña se despertó... oh oh... papi... la has cagado.. (yo creo que en esos momentos nos tienen mucho miedo).
Entonces le dije trae a la niña a la cama (con cara de pocos amigos) y mientras daba teta y la niña volvía a dormirse en pocos segundos, empecé a renegarle por varias cosas, tan importantes que ya ni consigo recordar.
Se metió en la cama y seguí renegando como si por su culpa hubiese ocurrido una catastrofe; entonces el me miró y dijo en voz baja, para que la niña no se despertase: culpa papi, culpa papi, siempre todo culpa papi. En ese momento empecé a reirme (en voz baja claro) y no podía parar; me dí cuenta de cómo lo culpo por todo, cuando a mi me apetece, sabiendo que yo muchas veces (muchísimas) tengo los mismos despistes que él, pero no está delante para verlo (jijiji).
No podía parar de reir, lo miré con ojos de te quiero, tienes razón, me paso renegando, y le dije: voy a escribir un post con el título culpa papi; él me miró con ojos de: que fuerte que me vayas a poner a parir en tu blog (que podría hacerlo, por cierto, ya que no me lees, ejem); pero en realidad yo lo que pensé en ese instante era en cuanto me ayuda cada día, en lo buen padre y marido que es, en lo que nos quiere y en cuanto lo queremos a él. Pero no se lo dije....
Esto debe cambiar; no se puede decir en voz alta los reniegos constantes, y en voz baja los agradecimientos. Porque los papas también son humanos, necesitan sentirse importantes en la crianza de nuestros hijos, saber que valoramos todo lo que hacen, y si solo renegamos y renegamos, lo único que perciben es que todo lo hacen mal, y que les exigimos más y más.
Tengo que reconocer que soy de naturaleza renegona, pero sin duda fué dar a luz y se me encendió el piloto de "Renegar por todo a papi"; y si lo pienso objetivamente él no tiene culpa de que yo este cansanda de estar todo el día con mi hija, de que no pueda hacer las cosas que quiero cuando quiero, y tantas otras cosas que nos ponen de mal humor; pero sí tiene la culpa de darme la oportunidad de quedarme con mi hija en casa para disfrutar de ella como nunca pensé que podría hacerlo, de no perderme ni un sólo segundo de su vida, de sentir y saber que esta siendo la mejor época de mi vida, de llegar del trabajo, con el poco tiempo que éste le deja, y unirse a nosotras a jugar, a bañar a la niña, a sacar a la perra o lo que haga falta para quitarme a mi peso.
Por estas razones y muchas más otras que me dejo en el tintero, a partir de ahora culpa papi se va a transformar en gracias papi.
Con cariño, Madam con leche.