Ser madre es algo maravilloso, que te llena totalmente, que le da sentido a tu vida; pero no todo es un camino de rosas...
Hay días difíciles, días en que no consigues ver esa parte tan maravillosa de la maternidad, días en que quisieras hacer otra cosa aparte de ser mamá, conectarte un rato a tu portatil, mirar tu móvil tranquilamente o ir al baño sin prisas.
Normalmente asumes tu rol de mamá 24 horas sin problema, pero cuando un día te apatece hacer algo de manera imperiosa, y tienes a tu hijo chillandote porque él también quiere coger tu móvil o tu portatil, y tu intentas controlar la situación, pero no aceptas dejar para luego eso que tanto deseas hacer ahora mismo, es cuando viene la frustración; esa rabia que sientes de repente por tu hijo, al que tanto adoras y por el que darías la vida, pero que en este instante no te deja hacer algo que tu, como persona, necesitabas para desconectar.
Entonces le hablas mal, o hablas más alto de lo que debieras y quisieras, pero tu rabia te controla; y te sientes mal por hablarle fuerte o simplemente por sentir esa rabia hacia la personita que más quieres en el mundo.
Perdoname hijo, pero mamá también es humana, y se equivoca, y a veces no sabe gestionar este "querer y no poder"; y te preguntas ¿hay vida más allá de ser mamá?; y tu interior sabe que sí, pero que tu prioridad es la de atender a tu hijo, porque él no eligió venir al mundo, lo trajiste tú y ahora eres responsable de su vida, y sinceramente, ser niño tampoco debe ser nada fácil. Si nosotras nos frustramos teniendo como tenemos tantas habilidades para manejar una situación que no es tan complicada a simple vista, imaginate ellos, con tan poquita edad, que aún no hablan para decirte que les pasa, y solo te tienen a ti; es lógico que no les guste cuando les ignoramos para hacer nosotras otra cosa; pero claro, hasta que punto tiene que delegar su vida una madre?; no lo sé, solo se que prefiero dejar de lado lo que yo quería hacer, para jugar con el y que no llore, esperar a que se duerma para ponerme a escribir ésto, y cuando lo siento llorar en su habitación me faltan patas para salir corriendo por el pasillo para ver que pasa.
Se que estas acciones que hago por mi hijo me llenan mucho más que esos momentos que necesito para mí de forma imperiosa; que después de la frustración, comprendo que es pequeño y me necesita, y que si hay que esperar a que se duerma para teclear en el blog, pues espero, porque ahora mi prioridad es el.
Hoy mitigué la frustración con un paquete de galletas y una tableta de chocolate, y la verdad, que después lo ví todo mucho mejor, XD.
Debemos encontrar los momentos que tanto necesitamos para sentirnos bien con nosotras mismas, pero no es algo sencillo.
Por lo pronto, mientras encuentro la manera de no frustrarme en estos días en los que no consigo hacer lo que deseo, compraré un buen paquete de galletas y una buena tableta de chocolate, porque si engordo un kilo, lo puedo dejar cuidandome, pero si le chillo a mi hijo, lo recordará toda la vida.
Si queremos que nuestros hijos tengan buenas estrategias y habilidades, en un futuro, para solucionar frustraciones, debemos ser "hoy" un buen modelo para ellos.
Con cariño, Madam con leche.